-No- era imposible seguir fingiendo para con su hermano –Nunca hemos hablado de ello.
-¿Crees que quizá tú le gustes? Digo, quién no sentiría algo por mi pequeña hermanita.
-No –contestó secamente.
-¿Qué dices? ¿Por qué?
-Lo he visto enamorado. Además de qué es muy obvio, hace mil y una cosas para conseguir la
atención de quien quiere.
- Entonces… –quiso proseguir, pero no encontró cómo.
-Sí, sólo me ve como una amiga, su amiga con quién puede divertirse, compartir momentos, contar chistes, descubrir el mundo de a poco; sin embargo…-estuvo a punto de que la voz se le quebrara en el instante -…no como su novia.
Su hermano no pudo pronunciar palabra alguna, se redujo a compartir con Alicia una mirada de comprensión y un cálido abrazo fraternal. Ninguno retomó el tema ese día y se prepararon para el tradicional brindis familiar de Año Nuevo.
VLas copas estaban listas, cada una con doce uvas y sangría hasta la mitad. Ernesto no creía en pedir un deseo con cada campanada que anunciara el último minuto del año que estaba por partir, mas el brindis no podía faltar ese día.
- ¿Cada quién tiene su copa con sus uvas? –preguntó la madre de Ernesto a toda la familia.
-Sí-contestó cada uno a su turno.
- Ya tengo mis doce deseos- comentó la prima de Ernesto, acercándose un poco a él y
susurrándole –deberías de usar al menos uno de los tuyos por tu princesa de cuento de hadas.
-No…
-¡Chis!- lo calló y continuó-No cuesta nada tener un poco de fe e intentarlo.
La campana de la iglesia en la otra calle sonó. Todos guardaban silencio. La cuenta regresiva había empezado.
Enrique R
No hay comentarios:
Publicar un comentario