-No es que haya cambiado de opinión, pero hoy creo en otra cosa- respondió Ernesto con un aire de grata felicidad que hubiera sido capaz de contagiar a todos a su alrededor, claro, si es que no hubiesen estado ya alegres por el inicio de un año venidero.
En la mesa estaban comiendo los invitados que recién habían llegado a unirse a la celebración, mientras Ernesto y su tío platicaban como no lo hubieran hecho en días diferentes a éste.
-¿Y que es eso otro en lo que crees que te hace tan dichoso?-
- No es que lo crea, sino que lo quiero creer.
II

La gente seguía llegando y entre más personas había, menos espacio quedaba para poner la comida que traían para seguir con la fiesta. Eran unas veintisiete personas que se reunían para festejar en aquella casa.
-¿Por qué me ves? ¡Eduardo ya come y ve para otro lado que me siento acosada!- le reclamó Alicia a su hermano mientras ambos comían.
- Calma, lo que ocurre es que te notó distinta, un poco más contenta de lo que acostumbras- contestó para su hermana.
- ¡Claro! Me gusta comer y este pastel está riquísimo- se defendió-¿Qué más podría ser?
-Seguro mi pequeña hermanita está enamorada- dijo un tanto en burla un tanto en serio- por eso no puedes quitar esos ojos de ilusión.
-Oh, claro, no sabes, no dejó de pensar en él- dijo en tono sarcástico esperando confundir a su hermano-en especial cuando estoy comiendo…
Enrique R
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