Hace algunos minutos que había logrado que su hija se quedase dormida. Estaba confundido, alarmado. Julián parecía no encontrarle sentido a lo que hacía desde hace unos días, pero hoy era el día en que peor se sentía consigo mismo; no sabía por qué, pero lo inundaba una profunda melancolía.
Se sentó en el sofá y se puso a pensar, en su mente no hallaba la respuesta a su nostalgia. De repente se levantó y se acercó fervientemente al balcón, clavó su mirada en el cielo y luego al suelo.
Julián vivía en un pequeño apartamento en el sexto piso de un edificio que se erigía sobre una de las más transitadas calles de toda la ciudad. Pensaba que lo que estaba a punto de hacer necesitaba una gran entereza, estaba seguro que no era cobarde, qué podría ser más valiente que enfrentarse a la muerte misma.
-Por favor, sálvanos, concédenos el descanso eterno…- rezaba, mientras sentía perder el aliento. Si no moría por la caída, los autos lo harían, estaba al borde de lanzarse…
Al momento recordó. Vino a su memoria todo lo que creyó haber olvidado. Recordaba la pelea que tuvo con su esposa, los insultos y las palabras que se dijeron mutuamente. Se arrepentía de no haber dicho un lo siento antes de que Sandra hubiese salido a trabajar esa mañana. Maldecía esa insensata llamada que pedía un rescate de millones por la bella dama con quien él se había casado. Le dolía que su salario de obrero no le hubiese permitido pagar la suma que le pedían para recuperar a su mujer.Se suicidó.
Sandra se había suicidado por temor a lo que los asaltantes le pudieren haber hecho o al menos eso le dijo la voz en el teléfono semanas atrás. La había querido como nadie, era su mejor amiga, su confidente, su pareja; pero ahora era sólo un recuerdo grato y doloroso del pasado.
Julián se alejó del balcón, no era justo hacerle esto a su hija, al menos no hasta que fuese mayor. La chiquilla estaba despierta, parada en la puerta viendo a su papá. Él se acercó con una mueca de sonrisa aletargada, aguardando el comentario de su pequeña.
- Hoy es su cumpleaños- dijo la niña – Papi, alégrate, seguro mamá hoy si regresa a casa.
Enrique R
1 comentario:
Hola, Enrique...
No había visto yo este formato tan bonito y tan literario. Parece que tus relatos toman vida propia en sus páginas...
Un saludo, y... tremenda historia, condensada y compacta, sin que le reste nada del interés y la emoción.
Lasosita.
Publicar un comentario