aquella que alberga alegría tan inmensa;
nada es tan profundo como tus ojos,
inocuo deseo de saber lo que piensas.
Más de lo que quisieras
estoy a punto de idear,
gastando las hojas de este cuaderno,
una por una las desprendo
sin encontrar algún final.
Trazo bocetos que en una botella
adentrándose en la mar
surfearan por las olas en el horizonte,
miles de ellas desaparecerán.
Un día cualquiera mi dibujo encontrarás,
concibo tu cara llena de mil ilusiones,
hasta imagino tu sonrisa cuando veas
ondeando en el papel, que escrito está tu nombre.
Enrique R
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