domingo, 18 de octubre de 2009

Dormida

"No he sabido decir todo lo que pienso en ti, ni he sabido hablar de amor. Tengo tanto que contarte, que he perdido y que no encuentro y entre alguna de estas cosas la frescura con que ideé mis planes la primera vez [...] Como pesan las palabras cuando marcha uno detrás y cuando soy yo quien tiene que decirlas..."
Tan tranquila y serena estabas
oscura noche que te suponía dormida
amparabas tu descanso en el sueño,
sueño profundo de esferas inquebrantables.

Trasuntabas tus sentidos hacia mí,
dulce verdad escondida entre sombras
de asedio a fulgores incrustados
que se escapan un exilio de sinfín.

Qué no hubiera hecho en la noche
por un desplante tuyo
que me vieses con tus labios precisos
y me besaras con tus ojos profundos.

Análogos preclaros
de amor que se equivocan,
por agobiada presión certera
viniera a tocarte la boca.

Paisaje estrellado desde afuera
te tiende una ondulante sábana negra,
mis puños tiemblan porque callas
cobijándote sola a tu manera, sola sin mí.

Despierta,
seguiré sentado aquí, mismo lugar,
a sabiendas que no sucederá;
difícil es para alguien que creció entre la nada,
poder decir te amo o te quiero
sin temor por la cruda realidad.
Enrique R

No hay comentarios: