Cada día el pequeño hijo escuchaba lo que pasaba tan cerca y tan lejos,
cuando él la despojaba de sus sueños,
cuando con ira a su madre él azotaba.
El chiquillo a su mamita adoraba
y a diario la llenaba de besos,
mientras ella estaba muerta de celos
por que ese hombre con otra la engañaba.
Ella siempre sufría ante sus manos,
por miedo nunca salía de día,
de ese maltrato nunca escaparía.
Una noche él se pasó de tirano,
y al terminar, aquel niño veía,
su mamá al fin en paz descansaría.
Enrique R
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